
España | 2026 | 120' | Teatro | Apto para todos los públicos | Coloquio
El autor teatral Josep Maria Miró (Premio Nacional de Literatura Dramática en 2022) dirigió durante seis meses a tres dramaturgas y tres dramaturgos en las labores de escritura de textos durante el ejercicio del 13º Laboratorio de Escritura Teatral que la Fundación SGAE organizó en Madrid. El fruto son seis textos diversos en enfoques y estilo que exponen y subvierten temas como la identidad, el retorno a las raíces, la fe, las relaciones humanas y los recuerdos de un pasado distópico, y que podrán disfrutarse el martes 6 de octubre (19.30h) en formato de lectura teatralizada.
Tomás Cabané, dramaturgo y director de escena, dirige sobre las tablas la lectura de algunos fragmentos de los textos trabajados: El volador de hojas blancas de Blanca Doménech; Los prescindibles. Profecía científica para un planeta en llamas de Itxaso Larrinaga, Mi proceso lento de amarte de Guadalupe Sáez, Yo soy María de Nani de Julián, Los espectAdores de Ion Iraizoz, y El síndrome del Norte de Markos Goikolea Unzalu.
El estallido de la pandemia obliga a Blanca a regresar al pueblo donde creció. Allí se reencuentra con Luis, un conocido de la juventud convertido en técnico de sonido. Juntos planean hacer un pódcast de autoficción basado en su traumática vuelta al pueblo. Lejos de ayudarlos a sobrellevar el día a día, el proceso de creación despierta en Blanca un torbellino de emociones que la llevan al colapso. Dos hallazgos, la introspección y la empatía, le brindarán las claves para seguir avanzando.
El autor regresa al caserío donde creció para escribir la historia de su familia. Durante el intento, revive los últimos años del conflicto armado vasco, época en la que él y su hermano transitan de niños a adultos en una sociedad enfrentada y en un hogar que simpatiza con la izquierda abertzale al tiempo que sufre la amenaza de la banda terrorista.
El síndrome del Norte es una autoficción sobre una familia que aprende a convivir con el miedo y el silencio; una exploración de la identidad, los ideales, la masculinidad y las secuelas invisibles de los relatos heroicos que no dejan espacio a la fragilidad.
Una mujer regresa a su casa después de haber estado en el teatro y le cuenta a su novio que se ha visto a sí misma sobre el escenario. Era una de esas obras sobre una pareja que discute en el salón de su casa, solo que en este caso la pareja eran ellos.
Las puertas son umbral, tránsito; están vinculadas a mundos que abandonamos y a los que volvemos siempre a través de ellas. En Los espectAdores, los dos protagonistas tienen que cruzarlas para dejar un universo y entrar en otro. Son una invitación a penetrar en el misterio y a imaginar qué hay al otro lado.
España, años sesenta. En una pedanía remota en las montañas, un acontecimiento sacude a toda la comunidad: María, una joven de veintiún años con síndrome de Down, está embarazada. Mientras el pueblo busca culpables, ella sostiene que es un milagro y lleva en su vientre a la hija de Jesús. El anuncio desata una investigación en la que cada habitante proyecta sus miedos, creencias y deseos.
A medida que la tensión crece y las moscas —símbolo de presagio— invaden la aldea, la comunidad queda expuesta ante sus propias grietas. En el centro, María avanza con fe, humor y determinación, reclamando su derecho a desear, a creer y a decidir su propio destino.
Año 2221. El transbordador del vuelo orbital Q-365, el primer viaje benéfico infantil con destino a las colonias espaciales, explota en el despegue. Era la última nave del éxodo que permitió a las élites huir de una Tierra devastada por la guerra nuclear, y había sorteado pasajes entre niños y adolescentes vulnerables como gesto de fraternidad global.
Hoy, en 2321, vivimos en una Tierra regenerada bajo principios solar punk, lo que demuestra que otro camino era posible. Pero no olvidamos: esta investigación rescata testimonios sobre la tragedia —¿atentado, fallo técnico, conspiración política? — y rinde homenaje a los que perdieron la vida queriendo alcanzar un sueño.
Una casa, una comida y un grupo de amigos. Es domingo. Los domingos siempre son un buen día para quedar, para hablar, para brindar. En el patio, un jardín lleno de plantas y un limonero. También hay una piscina. Hace calor. Acaban de llamar al timbre. Los anfitriones reciben a sus invitados. Se abrazan. Después se sientan a comer.
Huele a carne quemada y a romero, ¿lo notas?
Dirección: Tomás Cabané