
Francia | 1966 | 105 | Drama | Pendiente calificación por edades | V.O.S.E.
Dirección: Tony Richardson
Sinopsis: En un pequeño pueblo francés, una mujer (Jeanne Moreau), a quien todos llaman «Mademoiselle» por tratarse de la profesora del pueblo, provoca una inundación en el establo cuando todo el mundo anda en una procesión. Por otro lado un atractivo inmigrante italiano, Manou (Ettore Manni), despierta en ella un gran interés, al que él no corresponde. Mientras, en el pueblo, los hombres comienzan a dirigir sus miradas a un posible culpable sobre las inundaciones y otros incidentes que han alterado la paz de la localidad.
En palabras de Angélica Liddell
Detrás de esta perturbadora cinta están ni más ni menos que Genet y Duras. Dos santos criminales a los que no se puede sino adorar incondicionalmente y ante los cuales me pongo de rodillas. Con Jeanne Moreau como protagonista se cierra el triángulo y ya estamos en disposición de hablar acerca de la liberación absoluta del Mal, en todas sus vertientes, en toda su sensualidad. Duras decía que no había mayor sinceridad que la del pervertido, y esta adaptación de la obra de Genet es un buen ejemplo de ello. Un retrato brutal de las pulsiones, la lujuria, la avaricia, la ira, el rencor, los celos y la venganza. Todos los instintos quedan al descubierto en un torbellino violento que define, como en un matadero, la auténtica naturaleza humana. Un diamante de maldad. Un tendón que nos une a nuestros demonios más ocultos en mitad de una naturaleza tan bella como espantosa. La mejor película de Tony Richardson, sin duda, fue su película francesa, empapada de un malditismo con el que solo los franceses nos saben aniquilar.